FUMDIR: el camino de la inclusión social Imprimir E-mail
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Artículo basado en la grabación realizada al Sr. Jesús Antonio Ramírez Giraldo, director de la Fundación Misioneros Divina Redención (Fumdir).

 

Desde su nacimiento en Italia durante la Segunda Guerra Mundial, Fumdir ha trabajado por atender a la población víctima del conflicto, tanto en su recuperación física como en su posterior capacitación y reinserción laboral. Hoy, la fundación busca diversificar sus ingresos y fortalecer sus alianzas estratégicas para hacer sostenible la inclusión social plasmada en su misión.

 

 
Sobre el entrevistado

 

El padre Jesús Antonio Ramírez Giraldo, fundador y director de Fumdir, estudió Licenciatura en Pedagogía Reeducativa, Especialización en Gerencia de Servicios Sociales y es candidato a la Maestría en Dirección y Gestión de Proyectos de la Universidad Camilo José Cela, España. Su gestión ha recibido la mención cívica: Amor por Bogotá, entregada por la Alcaldía Mayor de Bogotá.  
 

 

 

FUMDIR: el camino de la inclusión social

 

Trabajar por la atención a personas en situación de abandono o en condiciones desfavorables frente a la sociedad, ha sido un largo camino de aprendizajes que la fundación inició con la fuerte convicción de crear un proyecto de inclusión social de alto impacto que hoy se encuentra en transformación para continuar su misión.


 

Etapas de crecimiento

 

La Fundación de los Misioneros de la Divina Redención (Fumdir) tiene su origen en Italia cuando su fundador, el padre Arturo D’Onofrio, abrió las puertas de su casa a algunos niños huérfanos de la Segunda Guerra Mundial. Desde allí, su obra se ha expandido por Europa, Asia y América Latina, llegando a Colombia para apoyar tanto la recuperación física de las víctimas del conflicto, como su posterior capacitación y reinserción laboral.

 

Debido al aumento en el uso de minas antipersonales durante el año 2000, se generó un desplazamiento masivo de las familias hacia las ciudades, razón por la cual la fundación decidió asociarse con el Comité Internacional de la Cruz Roja, inicialmente para la atención oportuna de los heridos. Así mismo, la fundación sumó esfuerzos con esta entidad para la rehabilitación y desarrollo de independencia física de quienes habían perdido alguna parte de su cuerpo.

 

Posteriormente, Fumdir dio paso a una segunda etapa de crecimiento donde se evidenció la necesidad de implementar terapia ocupacional para los beneficiarios, lo cual se convirtió en un apoyo para la construcción del proyecto de vida de esas personas al ayudarlos a asumir los cambios corporales, emocionales y mentales que habían vivido.

 

Por su parte, la Embajada de Italia aportó la dotación de espacios adecuados para este nuevo proceso y junto con la Universidad Nacional, la fundación trabajó paralelamente en la capacitación laboral de las personas que iban mostrando avances en su recuperación. Al respecto, Ramírez afirma que “fue un desafío grande porque el nivel cultural de las personas no era alto, pero con unos modelos pedagógicos que fuimos desarrollando se fue estableciendo este tema”.