AFE: la red del desarrollo social Imprimir E-mail
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Artículo basado en la grabación realizada a la Sra. María Carolina Suárez, directora de la Asociación de Fundaciones Empresariales (AFE). 

 

 

La Asociación de Fundaciones Empresariales (AFE) trabaja como promotora en el mejoramiento de la gestión social en Colombia. A través de 59 fundaciones asociadas, ha creado alianzas estratégicas, consciencia de un profundo trabajo en equipo y buenas prácticas que la llevan a ser hoy un óptimo referente para la acción social en el país.

 
Sobre el entrevistado

 

María Carolina Suárez estudió Derecho en la Universidad del Rosario y Maestría en Derecho Internacional de los Negocios en Bond University, Australia. Desde el 2006 se encuentra vinculada con temas de responsabilidad social empresarial y actualmente es directora de la Asociación de Fundaciones Empresariales (AFE).

 

 

 

AFE: la red del desarrollo social

 

Desde la iniciativa empresarial, y frente a una realidad tan compleja como la colombiana, nace la determinación de promover el trabajo de las fundaciones del país, con el propósito de articular alianzas entre el sector social, el Gobierno y la cooperación internacional, de manera que faciliten la implementación de soluciones efectivas a los temas de la agenda pública.

 

 


Asociación para la transformación 

 

Con 59 fundaciones empresariales (es decir aquéllas que realizan la responsabilidad social de una empresa o que tienen algún vínculo con el sector), la Asociación de Fundaciones Empresariales (AFE) trabaja como promotora en el mejoramiento de la gestión social en Colombia. Teniendo en cuenta que esta organización no ejecuta proyectos ni canaliza recursos, sus objetivos se concentran en conformar una figura de apoyo que busca:

 

  • Adecuada vocería acerca de lo que hacen las fundaciones asociadas.
  • Impacto colectivo conectando redes, haciendo alianzas, apoyando el trabajo colaborativo y generando una mejor gestión del conocimiento.
  • Tener una efectiva incidencia en las políticas públicas del Estado.

 

Con base en estos lineamientos, AFE establece sus pilares de sostenibilidad al evidenciar la necesidad de un trabajo alineado y con proyecciones definidas, bajo el propósito de llevar a cabo un cambio verdadero desde el interior de las comunidades con las que trabajan las fundaciones. “Nuestro enfoque se dirige hacia la transformación social y para ello se requiere de una debida planeación de los proyectos que los haga sostenibles en el tiempo. No podemos seguir dispersando recursos sin tener claro el efecto que queremos lograr”, comenta Suárez.    

 

Dado que la transformación implica participación colectiva y un trabajo en equipo alineado, las organizaciones internacionales como la ONU han hecho un llamado que aterriza el potencial de los proyectos sociales actuales, como el dado por el presidente del Banco Mundial en la Tercera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo: “Si aprovechamos este momento, podremos alcanzar el máximo logro en la historia de la humanidad. Podremos poner fin a la pobreza extrema en una generación (Yong, 2015). 

 

 

“Los objetivos del milenio involucran a todos: no se trata de lo que me corresponde como empresa, individuo o país, sino de una agenda global que apuesta a superar la pobreza extrema y crear la paz".

 

 

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) va más allá de una estrategia de posicionamiento en el mercado: se trata de un compromiso local con visión global que apunta no sólo a mantener la vigencia de la empresa sino, sobre todo, a lograr un progreso en la calidad de vida de la población haciendo sostenible la integridad de sus ecosistemas vitales.

 

Por ende, es muy importante que desde su creación las empresas se construyan comprometidas con el equilibrio de la relación social, económica y ambiental de sus entornos, facilitando la toma de decisiones frente a un panorama global:

 

Para obtener beneficios directos de la implementación de un sistema de gestión de RSE, es importante que este haga parte de la estrategia empresarial y sea acorde con las prioridades y la cultura de la compañía. Adicionalmente, una real participación de las partes interesadas en el proceso de toma de decisiones empresariales, permite un mayor grado de aprendizaje e innovación y un establecimiento de relaciones armónicas que permiten a la compañía llevar a cabo sus proyectos con el apoyo de los grupos involucrados y sin mayores contratiempos (Alvarado, s.f.).