Empaques biodegradables: innovación de impacto global Imprimir E-mail
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Artículo basado en la entrevista realizada al Sr. Juan Carlos Sandoval, creador del semillero de investigación SUOMAYA e instructor del SENA.

 

La producción de empaques que conservan el alimento y tienen propiedades biodegradables, hoy es una realidad gracias a las investigaciones adelantadas por Juan Carlos Sandoval y los estudiantes del área logística del SENA. Este es un negocio con alto potencial de impacto ambiental y económico, que inspira la promoción del desarrollo biotecnológico en Colombia. 

 

 

 

Sobre el entrevistado
Juan Carlos Sandoval estudió Administración de Empresas; es especialista en Alta Gerencia, y en Finanzas y Administración Pública. Actualmente, es candidato a magíster en Gestión Organizacional y trabaja como instructor del área de Logística Internacional y Logística del transporte en el SENA, donde creó el semillero de investigación SUOMAYA.

 

 

   


Empaques biodegradables: innovación de impacto global

 

Desarrollo de microcápsulas y nanocápsulas a partir de suero de leche y arcillas para crear plásticos ecoamigables, es un proyecto de investigación y emprendimiento ejemplar, que evidencia las potencialidades de los recursos naturales, humanos e industriales existentes en Colombia para el desarrollo de la biotecnología en forma eficiente y rentable.

 

Creando empaques biodegradables

 

La necesidad de crear un plástico ecoamigable surgió de la problemática observada por estudiantes del tecnólogo en Gestión Logística del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), quienes detectaron en la rápida descomposición de alimentos orgánicos, una oportunidad para desarrollar la innovación que mejorara la utilidad de empaques, envases y embalajes.


En los principales centros de abastecimiento del país, como la Corporación de Abastos de Bogotá (Corabastos), se movilizan diariamente “unas 12.400 toneladas de alimentos que dejan, como resultado de los procesos de transformación, acondicionamiento, reempacado y comercialización de los mismos, un promedio de 100 toneladas de desechos sólidos por cada 24 horas de trabajo” (Castillo, 2015). Es decir que éstos alimentos son especialmente vulnerables a convertirse en desechos orgánicos, generando pérdidas significativas para el sector.


Frente a esta realidad, los estudiantes identificaron la importancia de fabricar empaques que cumplieran un doble objetivo: que ayudaran a la conservación de alimentos perecederos como frutas y verduras, evitando golpes y rápida descomposición, así como reemplazando el uso de plásticos contaminantes por aquéllos que puedan biodegradarse fácilmente.

 

“Creamos un material parecido al plástico con elementos económicos y biodegradables”.